La enfermedad de Párkinson además de los síntomas más característicos presenta otros menos conocidos como trastornos del habla, problemas de respiración o disfagia (dificultad o imposibilidad para tragar), que deben ser diagnosticados y tratados correctamente desde las fases iniciales porque influyen de manera muy negativa en la calidad de vida.

Los trastornos del habla afectan a un 60/80 por ciento de los pacientes y la dificultad de deglución la presentan entre el 52% y el 82%.

La intervención de un logopeda desde las primeras fases de la enfermedad es muy importante para trabajar estos aspectos, conseguir que el desarrollo de dichos síntomas, si bien no puede frenarse, sea más lento y mantener las funciones básicas y una mayor calidad de vida de los afectados.

La función del logopeda es prevenir, evaluar y tratar para que el enfermo mantenga mayor grado de autonomía y bienestar durante el mayor tiempo posible.